El streetwear: de la moda al movimiento social

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supreme x lacoste
Fuente: @supremenewyork

Moda propia de la calle, el streetwear nació de forma imprevista en un espacio exterior, al aire libre y a cielo abierto para la comodidad de los skaters sin prever evolución alguna. La tendencia barriobajera fue ascendiendo hasta las pasarelas de moda sin que nadie se lo esperase y consiguió seducir a la industria del lujo.

Nacido en Estados-Unidos entre los años 1970 y 1980 con el objetivo de vestirse con ropa cómoda más que estética, el streetwear conquistó un primer grupo de gente, una primera comunidad: la de los skaters. Los amantes del monopatín adoptaron la tendencia por el simple hecho de que necesitaban ropa confortable y adecuada para ir en skateboard. Siempre llevaban pantalones de chándal anchos, camiseta de manga corta y deportivas. Conjunto ideal para hacer deporte. Así es como los “riders” se reconocían entre ellos.

En general, la gorra también forma parte de su vestuario. Hacia delante o hacia atrás, la gorra es el accesorio típico de la calle, viralizado en los años 70 por la cultura de la música Hip-Hop y Rap estadounidense. Los raperos solían llevar la gorra del equipo de baseball que apoyaban, como los Yankees de Nueva York, y marcaban de esta manera su pertenencia a una ciudad o barrio. En cuanto a los skaters, llevaban las gorras de Supreme o Stussy, dos marcas pioneras del streetwear que marcaban –y marcan- su pertenencia a este estilo y a su ideología.

Los orígenes del streetwear representan también un ideal. Era algo más que la tendencia en sí. Iba más allá de la estética simplificada y adaptada a la calle. Sami es una mujer francesa de 45 años y gerente de las tiendas de sneakers y streetwear “Limited Editions” de Barcelona. Se mudó a Cataluña al terminar sus estudios, a los 25. Sami era una adolescente de la era del streetwear: “En mi época, había muchas cosas que iban con el streetwear. Eran principios, ‘Peace and Love’, el mar, el surf, el skateboard, el buen rollo, el hecho de compartir…”. Sin embargo, hoy en día, el streetwear se ha convertido en una moda de pijos, para presumir, para mostrar su ropa y engrandecerse en las redes sociales, especialmente Instagram.

LA ERA DE LOS HYPEBEASTS

Si al principio los skaters llevaban ropa de Element y DC Shoes, dos marcas californianas concebidas en los noventa especialmente para ellos, poco a poco empezaron a llevar Supreme, que hoy representa la industria del streetwear. La marca nació en 1994 en Nueva York y fue creada por James Jebbia, diseñador y emprendedor. Desde su creación, Supreme proponía ropa y accesorios como mochilas o riñoneras para hacer skate de manera cómoda. Era una marca también pensada para los skaters o “riders”. La mayoría de los vendedores de Supreme practicaban el monopatín y la ideología de la marca solo giraba en torno a esta actividad, que se puede considerar como un deporte y/o como un arte. No obstante, la firma ha dado un giro importante desde el año 2015, cuando empezó la movida de los ‘Hypebeast’.

El término ‘Hypebeast’ significa literalmente “bestia del hype”, es decir, bestia de la moda y del estilo en general. La palabra viene de la revista epónima HYPEBEAST, creada en 2005, que propone contenido sobre las últimas tendencias en streetwear para los hombres. A lo largo de los años, la revista se convirtió en la Biblia de los adeptos del streetwear, que utilizaron aquel término para definirse a sí mismos. ByCalitos, joven youtuber español que acaba de cumplir la mayoría de edad, propone contenido de calidad sobre el streetwear en su canal. Carlos Martín, su verdadero nombre, es un adepto de las tendencias y cree que “ahora predomina más lo que es el ‘Hypebeast’ que no el Streetwear. Mucha gente confunde los dos. El Streetwear es tener en cuenta la historia de la marca, la cultura, los orígenes de la moda, del skate, la música…”. En definitiva, ser un ‘Hypebeast’ es llevar ropa de marca street, preferentemente con el logo bien visible, aunque no se sepa exactamente de qué va la cosa. Ser un ‘Hypebeast’ es ser una marioneta de la industria en la que se ha convertido el streetwear. Ser un ‘Hypebeast’ es ser puramente superficial.

El primer logo que los ‘Hypebeasts’ querían mostrar era el de Supreme, por la potencia de la marca a este nivel. A partir de ese momento, la marca aprovechó esa movida y aumentó considerablemente los precios. Sami, la gerente de Limited Editions, hace memoria: “Yo tengo un montón de camisetas de Supreme, me costaban 15 dólares, yo incluso he vendido Supreme, y ver que ahora la marca ha ‘llegado a la cima’ y que vende sus camisetas por 45 dólares me parece ridículo”. Los diseñadores de la marca también empezaron a crear muchas prendas llamadas ‘box logo’, que presentan el logotipo de la marca en el centro, de manera que no haya equivocación sobre su origen. Las prendas ‘box logo’ generaron un éxito inmenso entre los ‘Hypebeasts’. Tanto, que todo el mundo quería un ‘box logo’, de manera que Supreme inició un proceso particular para regular la compra de sus productos: el ‘raffle’.

BUSINESS PECULIAR Y SISTEMAS NUEVOS

Una de las aportaciones del streetwear es que ha originado un nuevo vocabulario. El ‘raffle’ consiste en que Supreme y otras marcas de streetwear, como por ejemplo Yeezy, firma del rapero Kanye West, lancen productos en cantidad muy limitada para generar colas o listas de espera desmesuradas delante de las tiendas u online. Las marcas saben que la gente está dispuesta a hacer horas de cola para conseguir una camiseta ‘box logo’ o unas sneakers Yeezy a precio ‘retail’ (precio de tienda). Aprovechando el hecho de que no les importará esperar varias horas de pie, en la calle, para obtener la prenda street del momento, las grandes firmas se permiten el lujo de crear eventos de masas ante la salida de una nueva colección, o un nuevo producto. Los que participan en estos eventos ofrecen publicidad gratuita para la marca, ya que las enormes colas llaman la atención.

Mayoritariamente, todo esto se hace por el ‘hype’, es decir, para ser una persona ‘guay’. Una minoría soporta estas colas porque son verdaderos amantes de la marca en cuestión. Los ‘raffles’ se organizan cada vez que un producto nuevo sale a la luz. El raffle exige que la gente interesada en comprar las novedades rellene un formulario con sus datos personales (nombre, DNI, correo electrónico, dirección postal) de manera que, una vez están hechas todas las inscripciones, la marca organiza un sorteo. Un sorteo que consiste en seleccionar aleatoriamente a varias personas para que tengan el derecho de comprar los productos nuevos. Normalmente, los sorteos se organizan para dar la oportunidad a una persona de ganar un premio. En el streetwear, no. El sorteo solo permite a las personas que participan poder comprar el producto.

En el mundo del streetwear, la oferta y la demanda, base del comercio, cambia de mecanismo. Las marcas producen voluntariamente poca oferta para generar mucha actividad alrededor de sus productos. Sami está claramente en contra de estos procedimientos. Según ella, “las raffle son cosas malas para reírse de la gente, reírse de la clientela, reírse del consumidor”. Piensa que es un sistema inventado para recuperar datos de los clientes, “tipo pentágono”, declara, indignada. “Es un procedimiento mezquino. La gente regala sus datos personales por un par de sneakers que no conseguirán nunca porque, encima, la cantidad de pares que producen no es nada equilibrada”, explica la manager. Ella estudió comercio internacional y es asesora, con lo cual sabe lo que vale una lista de correos electrónicos o de direcciones postales: “La base de datos se vende cada dos meses y medio. Os dejo hacer el cálculo”.

Las ‘raffle’ tienen un lado oscuro que los consumidores, cegados por el hype, no ven. Pero el streetwear también genera otra nueva forma de comprar. Si hay precio “de tienda”, también hay precio de reventa. Y la reventa es otra de las grandes movidas del steetwear. Se organiza por webs como Ebay, aplicaciones como Walapop, BUMP o plataformas en línea creadas para la reventa de productos street como Stockx o Goat.

REVENTA COLECTIVA

La reventa de productos street tiene mucha potencia. Los revendedores suelen ser personas que se han inscrito en los ‘raffle’ o han hecho cola para conseguir un producto muy buscado y demandado a precio de tienda y, después, venderlo por un precio mucho más elevado.

El precio de los productos streetwear en reventa se puede incrementar hasta un 100%, para los productos más exclusivos. Así, un par de zapatillas Yeezy pasa de costar 220 a 800 euros, dependiendo del modelo. El ‘resell’, en lenguaje streetwear, también pasa por encuestas en las redes sociales.

Regularmente, el revendedor suele colgar una historia en Instagram con el producto que duda en vender o guardar, añadiendo la encuesta siguiente: ¿’COP’ o ‘DROP’? Los seguidores del revendedor pueden votar por ‘COP’, que significa “guardar”, o por ‘DROP’, que significa “no lo quiero” y, por extensión, “vender”. Estas encuestas están hechas para valorar el producto, como si ya no fuera suficiente el propio punto de vista y que el consumidor no fuera capaz de saber por sí mismo si algo le gusta o no. Si el producto tiene mucho valor para los seguidores, el revendedor lo va a guardar para él y, además,  habrá presumido en las redes. Si el producto tiene poco valor desde el punto de vista de los seguidores, el revendedor lo pondrá a la venta porque ya no le sirve para presumir. El valor del producto se mide por su diseño, pero sobre todo por la cantidad de personas que lo tienen en el mundo, es decir, por su exclusividad. Según Sami, todo esto erradica la esencia misma de lo que era el streetwear. “No es verdadera cultura de la moda”, señala la gerente. “Cuando yo crecí con la cultura sneakers, eran importantes la música, el arte, el diseño gráfico… Había una historia detrás, un origen”, explica, antes de concluir: “Y lo vivíamos, teníamos nuestra personalidad, nuestra identidad. Ahora, todo está pisoteado. Ya no hay personalidad, ni gustos, ni estilo”.

La personalidad se ha esfumado a favor del ‘hype’, de la nueva industria del streetwear. Ahora, lo que premia es la inmediatez, lo inminente. Cuando sale un nuevo par de sneakers o una nueva colección de Supreme, lo ‘guay’ es obtener los productos lo antes posible. Gozar del producto rápido y a corto plazo: este es otro movimiento que nace del “nuevo streetwear”. Cada mes salen productos nuevos, diferentes, procedentes de colaboraciones con diseñadores famosos que hacen que los productos anteriores pierdan valor. Todo es cuestión de cronología, de estar a la vanguardia de la moda.

DISTINTAS CATEGORIAS DE STREETWEAR

Louise Carrasco es una fotógrafa parisina de 24 años que trabaja para marcas de streetwear. Considera que el entorno y el mundo del streetwear tiene un business “discreto pero montado a la perfección” y reconoce que poder vestirse de streetwear es también una cuestión de dinero y de presupuesto. El streetwear abarca varias categorías. Por un lado, existe el streetwear deportivo, llamado ‘sportswear’, que corresponde a un vestuario con marcas de deporte como Nike o Puma. Por otro lado, existe el streetwear intermediario, más cuidado y refinado, con marcas como COS o Acne Studios. Finalmente, existe el streetwear de lujo, presente en las pasarelas. Según Louise, las marcas de sportswear son más accesibles para todos a nivel de precio, pero a la vez crean un estilo street poco reflexivo. Aquí reside la contradicción de esta tendencia: es una moda nacida en la calle, para la gente de la calle, pero se extiende al mundo de la alta costura y los conjuntos puramente callejeros son infravalorados.

En el entorno del “prêt-à-porter”, es decir, de la ropa de pasarela, se aprecian marcas como Balenciaga, Dior, Givenchy o Gucci, originalmente opuestas al streetwear. Sin embargo, hoy en día el streetwear ha conquistado a los diseñadores de grandes “maisons” y, paralelamente, creadores de marcas street han ascendido a ser directores creativos de firmas de fortuna. El paradigma de este cambio es Virgil Abloh, arquitecto y creador de la marca de streetwear Off-White adorada por los ‘Hypebeasts’, contratado en 2018 como nuevo diseñador de la sección hombres de Louis Vuitton. Aurora Segura, periodista de moda retirada de La Vanguardia y especialista en pasarelas, señala que “ya ha habido este fenómeno, esta comunicación entre las pasarelas y la calle”, y expone el ejemplo de una tendencia callejera de los años 2000: “las chicas iban por la calle llevando el tanga en evidencia, colocado de manera que sobresalga del vaquero”. Considerada como una vulgaridad barriobajera, esta tendencia también consiguió en su época llegar hasta las pasarelas en los desfiles de Armani o Guess.

¿UNA FUSIÓN NECESARIA?

El hecho de ver streetwear en las pasarelas no es una novedad, la diferencia es que ahora está mucho más integrado en las colecciones. Hoy, todas las marcas de lujo disponen de decenas de pares de sneakers cuando antes sólo vendían zapatos de tacones. La ropa original de pasarela es complicada de vestir y combinar. En todo caso, se acostumbra a reservar para grandes ocasiones o eventos especiales. Sami ve “normal” que el streetwear haya llegado a las pasarelas. “La crisis económica hizo que, aunque la gente pudiera, ya no quisiese comprar prendas que no iba a vestir porque es ropa muy difícil de llevar”, explica la gerente. Con la crisis, las ocasiones para llevar ropa de pasarela eran menores y las grandes marcas se dieron cuenta de que había un mercado potencial con la juventud, con el streetwear.

De aquí nace la fusión entre marcas street y marcas de lujo, y las numerosas colaboraciones entre ellas. La más mediatizada ha sido la colaboración entre Supreme y Louis Vuitton lanzada en 2017. Proponía ropa street, sudaderas, riñoneras, mochilas, camisetas y chanclas del color rojo, emblemático de Supreme, con las icónicas iniciales “LV” estampadas en los productos. El día del ‘drop’, algunos compradores durmieron en la puerta de la tienda de Vuitton para asegurarse de que iban a conseguir un producto de la colaboración. Este mercado mi-street mi-lujo seduce a los ‘hypebeasts’ y, al mismo tiempo, a los burgueses. Aurora Segura destaca que “ya hubo colaboraciones de este tipo como la de Adidas con Stella Mc Cartney, pero no tuvieron tanto impacto”. La pérdida de la esencia callejera nunca ha sido tan potente como a partir de esta colaboración, en la cual el nombre y la marca superaron el producto.

NUEVAS FORMAS DE RELACIONARSE

Los adeptos del streetwear utilizan medios nuevos de comunicación. Después de haber insistido en el hecho de que todo – o mucho – en torno al streetwear pasaba por las redes sociales, especialmente Instagram, se trata ahora de hablar del contacto físico y no virtual.

YouTube es una de las plataformas que expone los encuentros entre los amantes del streetwear, llamados “quedadas”. Generalmente, la quedada es organizada por un influencer como el youtuber ByCalitos con sus seguidores. Es una reunión de aficionados a esta tendencia en la que comparten puntos de vistas sobre una prenda, un par de sneakers o simplemente comparten sus gustos. Evidentemente, también vienen a enseñar lo que poseen y presumir de ello para impresionar al otro.

De hecho, las quedadas entre aficionados al streetwear suelen derivar en una especie de juego/concurso propio a esta moda en el que se suma el precio de cada prenda que lleva una persona para llegar a un importe total, más o menos elevado. “¿Cuánto cuesta lo que llevas puesto?” o, en inglés, “How Much Does Your Outfit Cost?” es el nombre de este curioso concurso.

El que tenga el ‘outfit’, es decir, el conjunto más caro será considerado como el más ‘guay’ o ‘crack’ del grupo. Los participantes se turnan sucesivamente para exponer sus prendas y decir su precio, la mayoría de veces delante de una cámara. Estos encuentros son grabados para recordar el momento, pero también para enseñar al resto de personas de qué manera los ‘streetwear lovers’ se relacionan. Esta manera inédita de relacionarse, de conocerse, marca un aspecto social propio al streetwear, que, en este aspecto, se puede considerar como una subcultura contemporánea.

El concurso puede ser percibido como vicioso, puesto que todo gira en torno a la cantidad de dinero gastado para un ‘outfit’. Sin embargo, el conjunto más caro no es necesariamente considerado como el más bonito, verdadera finalidad del juego. El objetivo es votar al que mejor va vestido. El ganador del juego es el que ha combinado mejor su ropa, no el que se ha dejado más dinero en ella.

Los orígenes de este concurso vienen de un Youtuber inglés que lleva un canal llamado “The Unknown vlogs”, en el que todos los videos están dedicados al streetwear.  El Youtuber, Kofi McCalla, empezó con este juego en las colas de los ‘raffles’ para distraer a los clientes mientras esperaban. Los participantes siempre suelen ser jóvenes adolescentes de entre 14 y 22 años, grupo de edad que representa a la gran mayoría de los aficionados al streetwear.

El streetwear tiene unos códigos propios, que han creado una forma específica de comunicarse y de relacionarse. Es como si se tratase de un nuevo idioma que hace posible que los aficionados se entiendan y creen vínculos entre ellos. Hablar al modo streetwear significa pertenecer al mismo club. Formar parte del grupo obliga de cierta manera a nuevas maneras de comprar, de relacionarse y de usar las palabras. Con el streetwear surgen nuevas pautas de conducta y un nuevo léxico, que puede ser complejo para los profanos, pero se vuelve imprescindible para los que quieren formar parte de la comunidad: un mundo propio, un círculo al que sólo tienen acceso los adeptos.

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